THE MONKEY MAN

ㅤㅤㅤLos animales siempre eran los primeros en romper el silencio. Aquella noche fue un gato.
ㅤㅤㅤLos muros de las fortalezas eran grandes para demostrar poder, imponer a los demás; y por miedo. Tras esos enormes y gruesos muros, el conde de Valgrís azotaba al hijo de su sastre personal. Le estaba tomando medidas para el traje que le había encargado a su padre, y el incauto niño había tenido el infortunio de revelarle una talla que no era del todo adecuada. ¿Cómo se atrevía a decirle que tenía más cadera que el invierno pasado? ¿Cómo se atrevía a decirle que había engordado?
ㅤㅤㅤAhora, como castigo a semejante falta de respeto, los guardias mantenían al sastre reducido, mirando cómo el conde molía a palos al desvergonzado niño.
Una brisa arreció por la ventana, y el gato del conde siseó como si acabara de ver un tigre, con el pelo erizado. Uno de los guardias soltó al sastre para cerrar la ventana. Un golpe, un quejido, y salió volando en dirección contraria, estrellándose contra la pared con suficiente fuerza como para dejar un agreitado boquete y un salpicón de sangre.
ㅤㅤㅤEl silencio sepulcral se hizo en la sala. Una figura delgada estaba de pie junto a la ventana. Iba descalzo, y no portaba armadura alguna; vendas en los puños, desarmado. Y tenía cabeza de mono, con los ojos amarillos y el pelo negro, observaba al conde, ladeando la cabeza.
ㅤㅤㅤ──¿Interrumpo? No me dejaron pasar por la puerta, espero que no te importe que use tus ventanas.
ㅤㅤㅤEl guardia, atónito, salió de su asombro sacudiendo la cabeza para arremeter contra el hombre mono. Sin siquiera girarse a mirarlo, el hombre mono saltó y golpeó al guardia con su simiesco pie en el lateral de la cara. Sonó un crujido al girarse su cabeza por el golpe, y cayó a plomo al suelo.
ㅤㅤㅤ──¿Qué...? ¿Qué quieres? ──preguntó el conde, colocándose detrás del niño apalizado, que miraba al hombre mono paralizado. El hombre mono avanzó unos pasos ──¿Quieres dinero? ¿Cuánto quieres? Puedo hacerte muy rico.
ㅤㅤㅤEl aire rezumó donde había estado el hombre mono; saltó, tan rápido, tan poderoso, que solo el viento daba testimonio de sus movimientos. Pasando por encima del niño, aterrizó sobre el conde, con un fuerte golpe en la cabeza con ambas manos. Salpicó sangre al chocar contra el suelo.
Al hombre mono le daba igual el dinero. Apoyándose con las rodillas sobre el cuerpo del conde, empezó a darle puñetazos, frenético. Golpeando, y agarrando su cabeza para estrellarlo contra el suelo, rugiendo como el animal que era.
Cuando la cabeza del conde era solo una masa informe de sesos y sangre, el hombre mono se alzó, miró al sastre y a su hijo, observó los tres asesinatos que acababa de cometer, hizo una reverencia, y saltó por la ventana para desaparecer en la noche.
ㅤㅤㅤSe dice que el hombre mono vaga por el mundo. Nadie sabe su nombre, o qué quiere. Algunos lo llaman monstruo; otros, demonio. Siempre que aparece, se derrama sangre noble. Nunca deja explicación alguna, ni daña a nadie de pueblo llano.

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